martes, 1 de marzo de 2016

Del odio y otros menesteres.



Qué majestuoso cuando observas esos ojos brillar,
cuando la sonrisa te oprime el pecho
y no te deje escapar.
Las negaciones nunca son rotundas
porque mírate ¡ahí estás!
Lo que creías ya acabado, volvía a aflorar
y aunque no desprendas un olor tan especial,
eres del color de las Amapolas
que pese a no ser violáceas como otras,
tú más alto alcanzas a volar.

Vuela alto caballero mío, vuela alto sin cesar,
que la luna te abrigue (todo lo que yo no te pude abrigar).
que al alba seduzcas al desierto por el que vas
para que te retenga y nunca me vuelvas a encontrar.

Despierta con el paso del camello
y embriágate de su movimiento
aprende a seguirlo; que sepa que puedes caer,
que para levantarte, a ti,
siempre se te dio bien.

Vuela caballero mío, vuela alto sin cesar,
para en un oasis reencontrarte
y haberme sabido apreciar.

Yo soy la vegetación de tu desierto
y la sabia de tu aridez
quien te nutría de alimento
cuando a ti no te quedaba más por dar.

Vuela caballero mío, vuela alto sin cesar,
que nada te detenga (¡déjame en paz!).

Att: La del nunca más.

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