miércoles, 30 de septiembre de 2015
Película victoriana.
Quizás y tan solo quizás,
las heridas que me hiciste,
los arañazos que me diste,
ahora pronto supuran,
entre andamios irrompibles
y paredes difícilmente quebrantables.
Entre suicidas abocados al abismo,
alcohólicos rezagados de la sociedad,
que buscan la luz
en el reflejo de su botella de coñac,
la que les acompaña hasta el final,
puesto que toda luz se consume
y toda oscuridad alumbra.
Unos labios carnosos,
deseosos y hambrientos
de una piel que sin ser tuya,
reniega y chilla ante mi ausencia.
Y que la noche continúe
cual orgía entre miserables
que no sufren mal de amores
porque de pecados llenan sus corazones.
A su vez ¡y cómo no!
los malditos enamorados,
sin pecados, sin pecadores,
sin gritos de camas profundas,
sin gemidos de posibles difuntas,
sin latidos de exótico placer,
sin descanso tras el amanecer.
[Aparece la noche. Se acaba el poema.]
[[No se oyen más gritos. Ni de asesinos ni de gemidos]]
Att:La chica de la habitacion de al lado.
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