martes, 17 de marzo de 2015

¿Café o té?

De como una noche,
que estaba aterrada, meditabunda y repleta de inquietudes,
apareciste por mi puerta, ,
tan bien vestido como siempre, con esa chaqueta marrón que tan bien te sentaba
y un cigarro entre tus lánguidos dedos, dedos de pianista,
pese a que jamás se te hubiera ocurrido tocarlo.

Me cogiste entre tus brazos,
preparaste una taza de café, y con tan sólo un beso;
un beso en la frente, tan cálido, suave, tan profundo,
me inhibiste de mis pensamientos;
sacaste la penumbra de mi alma,
e iluminaste mi mirada,
con tan sólo un beso,
tan frágil y tan quebrado,
como mi estado de ánimo.

Que pese a parecer irrompible,
hacía tiempo que estaba destrozado,
y no roto en mil pedazos como solemos imaginar,
como nos han impuesto pensar.

Era como aquel tugurio mal oliente al que solíamos ir,
oscuro, pútrido e infecto de seres sin escrúpulos,
de algunos rotos como yo,
y de soñadores como .

Situaciones difíciles para personas aún más difíciles,
nuestro consuelo,
tan desgastado y lisiado por el paso del tiempo,
que pendía de un hilo.

El único hilo del que disponíamos,
la última oportunidad;
finalmente se rompió.

Y en ese momento, en ese mismo instante, me rompiste el corazón.








Att - Resquicios de un mal viaje, un mal café y una pésima noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario