domingo, 29 de marzo de 2015

La sencillez del delirante.

Lunes, ocho de la mañana, sólo me sirvo un té,
te recuerdo:

Miro en el cristal y veo tu reflejo,
cuando me abrazabas por detrás,
cuando el mundo era más cuerdo.

(Menos enfermo.)

Se acaba el día y llega el invierno,
me gusta sentir el frío,
aunque no haya viento;
mi piel sobre tu piel,
escarcha sobre fuego.

Tus besos y mis dedos,
fundiéndose en la ducha,
en mi cama, en tu baño;
siempre supiste hacerme daño.







Att: Espaciado múltiple.

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