Busco entre rincones,
una pena que no es mía,
la alegría de vivir
convertida en melancolía.
Un mal trago sumamente amargo
que me hace enloquecer,
ver cómo es tu cuerpo
y ver cómo siempre voy a ser.
Oh delirio de ambigüedad, tú, sorprendida,
sácame de aquí, márchate de ésta,
desaparece de mi mente
porque el tiempo ahora me pesa y fatiga.
Tristemente incierto,
como cruces invertidas,
cuando alababas la memoria
de tu tan profunda herida.
Corta, rasga y ciñe,
tirita tras tirita,
para solventar la hendida
crucial, mortal y sangrante,
de tu mano sin la mía.
De tu vida acabada,
tan fugaz y tan explícita
dedicada al público de tu mirilla.
Att: Grandilocuente
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